Ballantine's: Medellin and Reggaeton

Medellín y el reguetón: la historia detrás de un perreo sin fin

Para quienes aún no han tenido la oportunidad de visitar Medellín, quizá la metáfora que mejor explica su forma natural sea la de un estadio de fútbol: un maravilloso valle de tonos verdosos que se extiende en el corazón de la cordillera de los Andes Centrales, rodeado de imponentes montañas que parecen la grada perfecta para disfrutar de una ciudad con un brillo mágico propio.

 

La ciudad de la eterna primavera, o Medallo —como se conoce coloquialmente a la segunda ciudad más poblada de Colombia—, siempre ha tenido un misterio difícil de explicar, una especie de ímpetu entusiasta o «hustle» que se transmite de generación en generación, y bajo el cual los paisas —término utilizado para referirse a las personas nacidas en Antioquia, el departamento del que Medellín es capital— se refugian para hacer frente a cualquier tipo de adversidad.

 

Cada desfile parecía ser la introducción a un universo totalmente desconocido, pero que, al mismo tiempo, tenía varias similitudes con la historia reciente de Medellín: historias del barrio, lujos exorbitantes y mujeres sensuales, ingredientes perfectos para una ciudad siempre dispuesta a tomar en sus propias manos lo que quiera.

 

De este modo, casi en un abrir y cerrar de ojos, la ciudad se vistió con marcas de ropa como Sean John, Rocawear, Dada Supreme, Nautica y Tommy Hilfiger, prendas de contrabando traídas de Estados Unidos y Panamá que se convertirían en un nuevo modelo de negocio sostenible para Medallo, básicamente gracias a las simples apariciones de unos cantantes desconocidos en un programa de un canal extranjero. Esos mismos nombres: Daddy Yankee, Don Omar, Ivy Queen, Tego Calderón, Wisin & Yandel, Plan B… tal y como había ocurrido años antes con la salsa, se estaban apoderando de los equipos de sonido instalados en las calles y barrios de la ciudad de la eterna primavera.

 

Paso a paso, toda la ciudad, desde las humildes comunidades asentadas en las colinas y montañas hasta los barrios más ricos y exclusivos, iba adoptando este sonido compuesto de dembow, sandungueo y mucho blin-blin. Las emisoras de radio de la ciudad comenzaron a dejar de lado los géneros tradicionales que constituían gran parte de su programación habitual: el merengue, el vallenato e incluso la salsa pasaron a un segundo plano para dar paso al «Latigazo» de Daddy Yankee, los éxitos de Luny Tunes & Noriega en Mas Flow y el nuevo guaguancó de barrio presentado por el llamado feo de las chicas guapas, Tego Calderón.

 

Junto con el boom radiofónico, el reguetón aportaba a Medellín nuevos recursos para seguir forjando esta industria emergente: en los colegios se vendían CD piratas con los nuevos álbumes descargados de páginas como Blinblineo.net y ElCorillord.com; las discotecas, como una apuesta, comenzaron a abrir sus puertas a los menores: Seven Eleven, Crazy’s Club y Lomalinda en Sabaneta fueron algunos de los primeros lugares donde el alcohol se cambiaba por un perreo intenso, llenando salas enteras de adolescentes sedientos de las atronadoras producciones de DJ Blass, Luny Tunes, DJ Joe y DJ Rafy Mercenario, entre otros.

 

Las cosas se intensificaron rápidamente, y de pequeños locales destinados a menores pasaron a estadios repletos de gente. Daddy Yankee aterrizó en 2002 para presentar los éxitos de su álbum El Cangri.com en el Polideportivo Sur de Envigado, ante no más de 2000 personas. Solo un año después, Ramón Luis Ayala volvería a pisar Medellín, esta vez en compañía de sus colegas Héctor & Tito, Ivy Queen, Tego Calderón y Don Omar, todos convocados para el concierto denominado «Los bosster del reggaetón», que congregaría en el principal estadio de fútbol de la ciudad, el Atanasio Girardot, a más de 53 000 personas listas para una auténtica maratón de perreo con sus nuevos ídolos.

Si Puerto Rico pudo hacerlo, nosotros también podemos”, era la idea que empezó a circular en el nuevo boca a boca urbano de la ciudad. Así fue como empezaron a aparecer los primeros nombres de reguetoneros de Medellín: Tres Pesos, Golpe a Golpe, Final y Shako, Fusión Perreo, Reykon y un chaval que entendió desde el principio que el reguetón era un negocio. ”

J Balvin

A partir de ahí, el reguetón marcó un antes y un después en la historia musical de Colombia. A pesar de tener sus detractores, este nuevo género callejero impulsó la economía local a su manera, renovando el panorama en muchos ámbitos, como la producción musical, la vida nocturna, el turismo e incluso la industria textil. Nombres como J Balvin fueron los encargados de plantar la semilla y allanar el camino para que las nuevas generaciones asumieran una misión que ahora parecía sencilla: conquistar el planeta entero. Incluso pioneros del género como Nicky Jam han reconocido públicamente a Medellín como la verdadera cuna del reguetón.

 

«¿Cómo llegamos hasta aquí? Llegamos a dormir en colchonetas sucias en Queens», confiesa Balvin a Ryan Castro, el cerebro detrás del himno de 2021 «Jordan» y, para muchos, la próxima estrella del reguetón colombiano, durante su primera visita a la ciudad de Nueva York.

 

Días antes, Castro compartió su emoción por conocer «los edificios de las películas de King Kong» y por encontrar un anuncio suyo en pleno Manhattan: «La vida es bella y todas las personas que trabajan con amor tienen su recompensa, desde el gueto y los barrios humildes de Medellín hasta tener el anuncio de mi gira en #TimesSquare».

 

El reguetón paisa representando la cultura. De eso se trata todo.