Speaker and vinyls

El fenómeno global de los listening bars

Son las diez de la noche de un miércoles cualquiera y recibo un mensaje de un seguidor portugués. Me pregunta por sitios donde escuchar música y disfrutar tranquilamente en Barcelona y Madrid durante su próximo viaje.
 
Y sin pensarlo mucho… le recomiendo un listening bar donde toda la música que escucharán será pinchada a vinilo y un curador seleccionará lo mejor de lo mejor.
 
Autora: Cristina Pérez

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Ahí me doy cuenta de que hay algo que está cambiando en la forma en la que escuchamos música.”

No tiene que ver solo con las plataformas, ni con los algoritmos, ni siquiera con la velocidad a la que salen nuevos lanzamientos cada semana. Tiene más que ver con la relación que tenemos con lo que escuchamos: cuánto tiempo le dedicamos, cómo lo incorporamos a nuestra vida y, sobre todo, a qué le decidimos dar otra oportunidad.

 

Leí por ahí que Ryuichi Sakamoto, después de una mala experiencia con la música en un restaurante, llegó a crear playlists pensadas para hacer más agradable la experiencia de comer.

 

Brian Eno hizo algo parecido cuando un día tuvo que pasar más horas de las que le hubiese gustado en un aeropuerto, y el hilo musical no le convenció (le entiendo). Él sacó su propio disco. Chapó.

 

Pero esto de darle importancia a los momentos de escucha no es algo nuevo entre los amantes de la calidad. Simplemente, está volviendo a coger fuerza.

 

En ese contexto empiezan a aparecer espacios, hábitos y formas de consumo que se salen de lo común. Lugares donde la música deja de ser ruido de fondo… donde escuchar implica bajar revoluciones y prestar atención. De una forma poética, comprometerse con lo que está sonando.

listening bar

Los listening bars son un buen ejemplo de esto:

 

Estos espacios tienen su origen en los jazz kissa japoneses, que no son otra cosa que espacios que comenzaron a aparecer en Tokio en la década de 1920. En aquel momento, conseguir discos de jazz americano en el país nipón era complicado y, sobre todo, caro. Así que los aficionados se reunían en estos locales para escuchar los pocos que llegaban.

 

A lo largo de los últimos años, el fenómeno ha ido creciendo no solo en Japón, sino en todo el mundo, por dos factores relevantes: la evolución en los equipos de sonido y las conductas de consumo de las personas, que desde la pandemia, necesitan otras formas de generar comunidad y recibir estímulos más relajantes.

 

En sus orígenes, no solo la tecnología era importante, lo más diferenciador de los que frecuentaban estos lugares era la actitud. Lo que sucede en los jazz kissa japoneses es que la música está pensada para escucharla mientras todos están en silencio.

CrisxBallantine's listening bar

Un modelo difícilmente replicable en Occidente por razones obvias: entendemos esos momentos como momento de socialización (y de hablar). En Europa, por ejemplo, la música siempre ha servido de acompañamiento en la escena clubbing, pero esto está muy alejado de eso. Aún así, en Londres o Nueva York se ha intentado replicar de la forma más fiel posible: cuidando la calidad del sonido y la curaduría musical, a pesar de que la gente se acerque a hablar y nazca algún pequeño atisbo de sentimiento de comunidad.

 

Lugares donde no tienes que gritar para que te oigan. Donde puedes estar horas sin darte cuenta. Simplemente sentado con tus amigos u ojeando las cubetas para encontrar alguna joyita.

listening bar
listening bar
listening bar

Cada figura de un listening bar esta perfectamente pensada y colocada en su lugar para que bajes el ritmo. Sí, como si fuera un decorado, pero no con intención de engañarte, sino con la intención de que todo salga según lo planeado: gente que llega sola o en grupo, pero con la misma intención de desconectar un poco de fuera; el espacio, que te invita a quedarte más tiempo del previsto, a hablar más despacio, a mirar alrededor y sentir que formas parte de algo; el DJ/curador, que no solo pincha canciones, sino que construye el clima de la noche; los vinilos, que convierten la escucha en un gesto más humano; Y el sistema de sonido, tan cuidado que crea una atmósfera inmersiva y envolvente.  

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En un mundo saturado de estímulos, de automatización y de inmediatez, buscamos espacios donde lo humano vuelve a tener peso. Donde alguien ha pensado qué suena y por qué suena. Donde todo conecta: el lugar, la gente, la música.”

listening bar

Ahora, en Madrid, se empiezan a ver cada vez más listening bars. Cada uno de ellos con su personalidad, pero todos con la misma premisa: la música.

 

Mi listening bar favorito es un secreto que todavía no he desvelado y que creo que no mucha gente no conoce, pero conocerá. Y, muchas noches, en casa, intento recrear una atmósfera similar a través de su playlist. Es una paradoja, lo sé, vuelvo al streaming después de haber estado dentro de esa atmósfera única que solo un listening bar te da. Pero precisamente para mí, tiene sentido: he conectado tanto con el momento y con la música, que lo necesito de nuevo.

Sobre la autora: Cristina Pérez

Cristina Pérez siempre ha estado vinculada profesionalmente al periodismo musical en su carrera profesional. Hoy, como creadora de contenido, se ha convertido en una de las voces más relevantes del panorama español como prescriptora de artistas emergentes. Cristina es reconocida nacionalmente por su criterio y capacidad de descifrar talento, con un ojo muy afinado para las nuevas tendencias y una mirada crítica sobre el consumo musical actual.